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Cónclave

Un Thriller Político-Religioso de Tensión Sofocante

2024 Suspenso Psicológico

Bajo la dirección de Edward Berger, conocido por Sin novedad en el frente, Cónclave sumerge al espectador en el hermético mundo de los cardenales con una puesta en escena meticulosa que eleva el suspense. La atmósfera visual y sonora refuerza la sensación de claustrofobia en un Vaticano recreado con detalle en los estudios Cinecittà.

A los ojos del espectador, la música funciona tanto como aliado como antagonista en la historia; genera desasosiego y mantiene la tensión narrativa hasta el último minuto. El sonido también juega un papel crucial: el eco de puertas cerrándose, los susurros contenidos y el retumbar de pasos en los pasillos vacíos sumergen al espectador en la impenetrable esfera del poder eclesiástico.

Berger también tiene experiencia en el cine de terror, lo que permite que cada escena posea el carácter, el rigor y la intensidad de un thriller psicológico. El montaje, a cargo de Nick Emerson, refuerza la tensión con transiciones continuas, estructurando la narrativa clásica en torno a los días de votación. En ciertos momentos, la contienda política se desarrolla con un montaje casi en tiempo real y sin cortes, intensificando la sensación de angustia y nerviosismo. Los diálogos y monólogos se convierten en un ajedrez verbal cargados de dobles intenciones, y los silencios y gestos dicen tanto como las palabras.

El uso del espacio es otro de los grandes aciertos del filme. La disposición de los cardenales en butacas durante la votación evoca la solemnidad del teatro clásico, reforzando la sensación de ritual. La iluminación se erige como un recurso narrativo clave: las sombras ocultan secretos inconfesables, mientras que la luz revela verdades en momentos cruciales, como en el almuerzo de los cardenales o en la penumbra opresiva de la votación secreta. Esta dicotomía visual refuerza la lucha de poder en juego.

También incorpora elementos narrativos y visuales que rozan lo surrealista, como el uso de la cámara en ralenti para amplificar el impacto del ataque al Vaticano en plena jornada de votación. Este evento desencadena una escalada de tensión inesperada que culmina en la sorpresiva victoria del cardenal Benítez, interpretado por el actor mexicano Carlos Diehz. Un candidato que, contra todo pronóstico, se impone con un discurso más humano y vigente que el de sus pares. Su triunfo busca purificar una institución marcada por abusos sexuales, corrupción y otros escándalos. Su ascenso meteórico representa la persistente, aunque ingenua, esperanza que atraviesa la película: la idea de que, incluso en un nido de intrigas, la buena fe aún puede abrirse camino a través de la duda.

Sin embargo, el giro definitivo ocurre cuando Benítez desafía las normas establecidas al revelar que nació con ambos sexos. Esta abrupta revelación, a solo segundos del desenlace, introduce un debate progresista sobre el papel de la mujer en la Iglesia, reforzado por la discusión previa sobre la inclusión femenina en la curia. Un tema que, sin duda, incomodará a los sectores más conservadores, pero que deja abierta la reflexión sobre el futuro de la institución, como bien señala el propio Benítez en su discurso final: «No es el pasado, sino lo que hagamos en adelante».

Aunque la película brilla por su tensión sostenida y su audaz crítica institucional, su protagonista, el cardenal Lawrence, interpretado por Ralph Fiennes, carece de un desarrollo profundo. Más que un personaje con una evolución clara, funciona como una pieza dentro del engranaje narrativo. Su papel es más administrativo que vocacional, lo que reduce el impacto emocional de su arco dramático y diluye el conflicto personal que podría haber enriquecido el guion de Peter Straughan, basado en la novela de Robert Harris.

En conclusión, Cónclave transforma un proceso burocrático en un relato lleno de tensión y misterio. Con un guion que mantiene un ritmo vertiginoso, la película se posiciona como una de las propuestas más interesantes del año. Aunque el protagonista no experimenta una evolución significativa, la magistral interpretación de Fiennes le confiere la solidez y el peso necesarios para sostener la historia de principio a fin. Su actuación mantiene el equilibrio entre el suspense y la intriga, elevando la atmósfera de la película incluso cuando su arco dramático permanece inalterable.