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Babygirl

Deseo, poder y redescubrimiento

2024 Thriller Erótico

Nicole Kidman ofrece una de sus interpretaciones más intrigantes y complejas, digna de una nominación al Oscar. Su personaje de Romy evoca una carga emocional y psicológica similar a otras de sus actuaciones previas, como en Con los ojos bien cerrados (1999), donde explora la sexualidad reprimida en sus sueños. Sin embargo, en Babygirl, Romy se distingue por una ausencia de culpa. A diferencia de otras interpretaciones, ella no siente el peso de sus deseos; más bien, encuentra en Samuel, interpretado por Harris Dickinson, un compañero que la guía hacia su liberación, un tema que ha captado la atención de muchos. Samuel, un joven de la Generación Z, desinteresado por las jerarquías y convenciones, desata una tensión eléctrica en Romy, quien al principio parece robótica y distante, producto de una vida estructurada y controlada. Romy trabaja en una empresa futurista donde los robots reemplazan a los humanos. Este inicio «mecanicista» la sitúa en una rutina que necesita ser quebrada, prometiendo una evolución profunda del personaje. A lo largo de la película, Romy se despoja lentamente de sus barreras emocionales, emprendiendo un viaje de redescubrimiento que simboliza el cambio de paradigma en las relaciones humanas en la era moderna, donde la inteligencia emocional se vuelve crucial en un mundo cada vez más robótico.

El guion de Halina Reijn está cargado de diálogos inteligentes y agudos que reflejan la química inesperada entre dos personajes tan distintos, pero que se sienten atraídos por sus apetitos sexuales. La trama comienza cuando Samuel le dice a Romy: “Creo que te gusta que te digan qué hacer.” En ese preciso momento, se enciende una chispa en ella que conecta con sus deseos más profundos, y la dinámica de poder y atracción los empuja hacia un juego erótico que los transforma por dentro. El constante movimiento de la cámara crea una tensión palpable que mantiene al espectador cautivo, reflejando la sensación de que los personajes están inmersos en un proceso de exploración continua.

Cada conversación, cada mirada, cada cambio en la dinámica entre ellos es acentuado por una cámara ágil y sorprendente que no solo observa, sino que busca explorar los recovecos más íntimos de sus interacciones. La banda sonora de Cristóbal Tapia añade una capa adicional a esta tensión. En ciertos momentos, la música se convierte casi en un personaje más, alterando el estado de ánimo, provocando inquietud, excitación y sorpresa. Las composiciones intensifican el ritmo de la película, resaltando cada emoción y giro de la trama.

En cuanto al ritmo, la película avanza rápidamente, presentando escenas cortas y dinámicas que van al grano, desafiando las convenciones del cine tradicional. Las secuencias se sienten como pequeñas cápsulas en las que las acciones revelan más que las palabras, una característica que aprecio profundamente. Sin embargo, este ritmo rápido también conduce a un desenlace que, aunque satisfactorio para un público más conservador, resulta demasiado optimista. La tensión y la intriga que se construyen a lo largo de la película parecen exigir un final más audaz, y el cierre se siente apresurado y complaciente después de todo lo que ha puesto sobre la mesa esta historia, que merecía más.

Otro aspecto que podría haberse explorado más a fondo es el personaje de Samuel. Aunque su presencia es cautivadora y dinámica, la película se dispersa en tramas secundarias, como el triángulo amoroso de la hija, que refleja la relación adúltera de la madre y parece ser una excusa para intentar salvar a la familia, o el desarrollo de la historia del padre y el teatro, así como la trama sobre la compañera de trabajo y el ascenso. Aunque es encomiable que el guion intente enriquecer la trama y cerrar todas las subtramas, Samuel sigue careciendo de profundidad. Si bien entiendo que en la vida real las personas a menudo toman decisiones impulsivas, en un guion es necesario construir los deseos y motivaciones de los personajes con mayor claridad. Samuel, en este caso, parece actuar sin una base sólida de antecedentes, lo que debilita su desarrollo y hace que la narrativa se enfoque casi exclusivamente en Romy. Esta falta de desarrollo en su personaje hace que algunos aspectos de la historia se sientan incompletos.

Babygirl es una película valiente en su exploración del deseo, el poder y la vulnerabilidad. El cierre optimista deja un sabor agridulce. La película juega con la incomodidad, pero no llega a un desenlace tan incómodo ni tan arriesgado como esperaba. Sin embargo, el trabajo de Nicole Kidman es excepcional, y la película ofrece una mirada profunda sobre los deseos reprimidos y la búsqueda de libertad en un contexto moderno. Es una invitación a dejar atrás las barreras emocionales y sumergirse en un juego de poder, deseo y autoconocimiento.