The drama
El lado oscuro del amor a primera vista
Cuando Emma (Zendaya) era adolescente, consiguió un rifle para perpetrar un tiroteo en su colegio. No ocurrió —no por redención, sino por una cadena de tropiezos—, pero lo importante no es el acto fallido, sino su origen: fascinada por la estética de la violencia, se miraba al espejo con el arma y prefería esa versión de sí misma antes que la chica invisible que sufría bullying; ser “una asesina” le parecía cool.
Años después, conoce a Charlie (Robert Pattinson, irreconocible y preciso), quien se enamora de ella a primera vista. Corte a: están por casarse y enfrentan la logística del matrimonio como en las comedias —agotadora, mecánica y poco romántica—, más lista de pendientes que fantasía.
Todo cambia en una noche entre amigos. Emma cuenta sobre el tiroteo frustrado entonces la atmósfera se rompe. Ahora Charlie debe intentar seguir con su vida junto a Emma. Es aquí donde la edición destaca más porque Charlie tiene visiones y pesadillas que lo atormentan y se ve a sí mismo siendo asesinado múltiples veces por Emma. Se edita de una manera ágil, fragmentada, construida entre pasado, presente y futuro. Incluso los recursos que podrían saturar terminan reforzando el tono. La película insiste, regresa y repite información constantemente; que acorde con las lógicas del streaming es una narrativa pensada para una audiencia que procesa historias mientras recibe notificaciones.
The Drama aborda un tema profundamente serio —los tiroteos en Estados Unidos— desde la comedia romántica. Es inevitable pensar en Emilia Pérez, donde otra tragedia se filtra a través del musical. En ambos casos hay una mirada exógena: allá, un director francés sobre México; aquí, el noruego Kristoffer Borgli. El resultado es deliberadamente incómodo: relatos que rozan lo frívolo para hablar de lo que no tiene nada de ligero. Y es precisamente ahí donde la película encuentra su diferencial.
The Drama funciona como una anti-fantasía romántica: el amor a primera vista deja de ser un ideal para convertirse en una apuesta. Y como toda apuesta, la pregunta no es si vas a perder, sino cuánto estás dispuesto a arriesgar para no irte.